Agua Potable

Por Alberto Pontoni. Septiembre 2006


A fines del siglo pasado Ismael Serageldin, ex directivo de la Sociedad Mundial del Agua y del Banco Mundial, acuñó una frase llamada a ser objeto de grandes controversias: "Las guerras del siglo XXI serán por el agua". Recientemente, los devotos de teorías conspirativas han encontrado una nueva fuente de inspiración e interpretan movimientos militares y compras de tierras en función de los grandes cursos o reservas de agua. En ese contexto, Bush no fue sólo a Irak por su petróleo sino por el Eufrates y el Tigres, dos ríos caudalosos en una región árida, la amenaza terrorista en la triple frontera encubre el verdadero propósito de controlar militarmente el acuífero Guaraní y las compras de tierras por grandes corporaciones y las privatizaciones de los sistemas de distribución de agua están guiadas por el objetivo de tener el control monopólico de este recurso vital. “Ahora vienen por el agua” es la consigna movilizadora de esta nueva fe. ¿Fantasía a realidad?

Hechos

Unas pocas cifras permiten tener una idea del alcance del drama del agua en el mundo. Una quinta parte de la población mundial, unos 1200 millones de personas, carece de acceso al agua potable mientras que un 40% no cuenta con instalaciones higiénicas adecuadas para un saneamiento aceptable. En América Latina la situación es igualmente grave, ya que sobre un total de 550 millones de habitantes hay 80 millones que carecen de agua potable y otros 120 millones no cuentan con saneamiento adecuado.

El reflejo de esta situación son enfermedades y calamidades, que se suman a las hambrunas, y que castigan severamente a los sectores más pobres y, en particular, a los más vulnerables: los niños. De allí, que entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio figure como una de las 18 metas a alcanzar para el año 2015 el reducir a la mitad el porcentaje de quienes carezcan de agua potable.


¿Es esto consecuencia de una escasez de agua o de la mala distribución social de este recurso?

Con el agua sucede lo mismo que con los alimentos. La carencia de agua y el hambre no son consecuencia de la escasez ya que hay recursos suficientes para atender de forma satisfactoria la demanda de todos. El problema es de apropiación y distribución.

A pesar que la mayor parte del agua dulce no se destina al consumo humano directo sino que se utiliza para la agricultura, resulta útil tener una somera idea del potencial disponible. Tan sólo el Río de la Plata vuelca al océano Atlántico unos 35.000 metros cúbicos de agua por segundo, que representan unos 3 billones de litros por día, lo suficiente para atender adecuadamente las necesidades de tres veces la actual población mundial, a razón de 200 litros diarios por habitante. Lo mismo ocurre con los ríos que desagotan otras grandes cuencas, como el Amazonas y Mississippi.


Es más, se considera que mejorando los actuales sistemas de riego y distribución se podría ahorrar una porción sustancial del agua dulce disponible, ya que las perdidas por ineficiencia y mala gestión alcanzan a un 50 por ciento.

Por lo tanto y por más que el consumo del agua se duplique cada 20 años hay recurso suficiente para atender las necesidades en cualquier escenario alternativo. El problema es otro ya que disponer de agua, al igual que los alimentos, tiene un costo. Por lo tanto, y de no cambiarse el orden actual, el recurso estará disponible sólo para quien tenga ingresos suficientes para adquirirlo.

Las hipótesis de guerra

Quienes levantan las hipótesis de una “guerra del agua” más que atender al levantamiento o rebeldía de los más pobres y excluidos en defensa de su derecho a la vida, se refieren a la posibilidad de enfrentamientos de carácter nacional, de matiz neocolonial.

Al respecto resulta de interés subrayar que esos pronósticos fueron tildados de irreales, exagerados y absurdos por los expertos que recientemente se reunieron en Estocolmo con motivo de la Semana Mundial del Agua. La opinión prevaleciente fue que las tesis sobre las guerras por el agua ignoran las investigaciones recientes según las cuales los países con escasez hídrica que comparten un organismo vinculado con el agua tienden a hallar soluciones cooperativas más que ingresar en conflictos violentos.

Para Arunabha Ghosh, a cargo de un estudio sobre el agua encargado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -que será el eje del próximo Informe sobre Desarrollo Humano- hay más acuerdos bilaterales, multilaterales y transfronterizos para compartir el agua que conflictos.

En todo el planeta hay 262 cuencas de ríos internacionales: 59 en África, 52 en Asia, 73 en Europa, 61 en América Latina y el Caribe, y 17 en América del Norte. Un tercio de esas cuencas son compartidas por, al menos, dos países. Sin embargo, a pesar del problema potencial, la historia demostró que en las cuencas compartidas es más probable que surja cooperación que conflicto, ya que en los últimos 50 años ha habido en este campo 500 conflictos y 1200 instancias de cooperación.

A título de conclusión

En este tema es conveniente comenzar el análisis a partir de la distinción entre producción y distribución. La producción de agua, como cualquier otro bien y servicio, puede reconocer diferentes formas y, en el sistema actual, ser un objeto de negocio como cualquier otro. Las corporaciones que venden agua embotellada no son responsables de la exclusión de las poblaciones que no tiene acceso a la salubridad

Por otro lado, el derecho al agua es un derecho humano fundamental, pues hace a su supervivencia al igual que el alimento, y corresponde al conjunto de la sociedad, a través de su expresión organizada, garantizar su alcance para todos.

Respecto de las disputas referidas a la disponibilidad territorial de este recurso la historia muestra la tendencia al manejo conjunto de los recursos hídricos compartidos y, a través de esta via, construir confianza e impedir conflictos.

No hay ni habrá guerra del agua. La unica guerra es la que debe darse contra la pobreza y la marginación.